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2016;  by Hubert Weber ©
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La noche de los vinos

............ Le pregunté qué vino nos aconsejaba probar y dijo que, sin duda, el Merlot Estrella de Weinert. Yo conocía como todo el mundo la bodega y sus vinos, pero no sabía nada de ese asunto de la estrella. Alguien me explicó que era una calificación que Weinert le daba a los vinos que resultaban excepcionales, y que en total fueron algo así como 4 en 36 años, si no escuché mal. Tal vez estábamos en presencia de uno de esos casos a los que Rosberg había aludido como un posible campeón mundial. Fue el propio Rosberg el que se encargó de abrir una botella cuando ya casi daban las nueve, la hora señalada para terminar la degustación, y estaban empezando a levantar las mesas. Y así, sobre la la hora, probé el Merlot 1999 Estrella de Weinert y casi me caigo de espaldas. Era un vino del siglo pasado y parecía al mismo tiempo complejo y completamente fresco. Ahí me rendí a la evidencia: había vinos de otra clase. La guía lo describe de este modo y creo que no le regala nada:

Inconmensurable pieza del arte enológico, llega a nuestro podio un modos de hacer vinos (36 meses de crianza en tonel) que encanta cuando alcanza su máxima expresión. No solo porque contradice el “pensamiento único” de la crianza en barrica, sino además por sus virtudes. (…) Este Merlot contiene la poesía del tiempo como pocos vinos argentinos.

Uno de nuestros interlocutores se ofreció a presentarnos al responsable de esta maravilla, el suizo Hubert Weber, un enólogo que trabaja en Weinert hace dieciséis años y hace vinos completamente distintos de los que componen el menú argentino (es decir, fabrica vinos que le dan la razón tanto al Primo Disidente como al Gran Sommelier). Personaje jovial y encantador, Weber contó que trabaja con grandes toneles a la manera clásica —de esos que los cultores de lo moderno gustan descalificar por sistema—, que no acepta el riego por goteo ni la maceración y que sus viñedos tienen sesenta años como mínimo entre otros requisitos. Este Merlot le había dado un trabajo tremendo y, entre otras calamidades, la fermentación se había interrumpido sola en algún momento. En un momento pensó que esa partida estaba destinada a engrosar los vinos de gama baja de la bodega. Pero al final salió fuera de serie. Weber practica una filosofía tradicionalista y rigurosa: es una especie de Jean-Marie Straub del vino y fue nuestro héroe de la noche.


Q, Hubert Weber y Andrés Rosberg

Cuando ya quedaba muy poca gente, nos despedimos de nuestros contertulios y nos fuimos caminando por la calle Las Heras. Había sido una velada encantadora que culminó con un momento de magia. Con Flavia comentamos que esas son las ocasiones en las que el periodismo se confunde con el zen: uno busca sin saber qué y finalmente encuentra.

Fotos: Flavia de la Fuente
Texto: Eduardo Antin (Quintín)
 
NO se pierden de leer TODO el reportaje original: http://lalectoraprovisoria.wordpress.com/2011/12/01/la-noche-de-los-vinos/