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De roble somos

POR ERNESTO OLDENBURG
FOTOS GENTILEZA BODEGA Y CAVAS DE WEINERT

LA BODEGA Y CAVAS DE WEINERT MANTIENE INTACTA UNA TRADICION CENTENARIA: LA DE ELABORAR VINO EN GRANDES TONELES, IMPARTIENDO CÁTEDRA SOBRE LA CALIDAD SUPERLATIVA QUE SOLO DESCUBREN LOS QUE SABEN ESPERAR.

La convicción de Bernardo Carlos Weinert nació al Sur de Brasil, en una colonia alemana, pero tiene sabor a roble francés.
Empresario del transporte regional sudamericano, su vida tomó pronto el atajo que lo condujo al mundo del vino; y en 1975 fundó Bodega y Cavas de Weinert en Luján de Cuyo, Mendoza, en lo que fuera una vieja bodega abandonada de 1920, de estilo clásico español.
Un año después, como quien persigue una meta, compró toneles de las bodegas López, Rutini, Escorihuela y Giol.
Incluso franceses, acoplando el mejor roble galo de Nancy y Eslovenia, madera noble de poro chico; las mejores duelas bien estacionadas, con las cuales construyó 284 toneles reforzados con zunchos de hierro forjado, de varios tamaños, que varían en capacidad de guarda.
Fueron pensados para albergar desde 2.500 hasta 6.000 litros de vino, y su peso fluctúa
entre los 500 y los 900 kilos.
En ese
entonces, las bodegas construían piletas de hormigón, y su sueño tenía la forma de las pequeñas barricas francesas de 225 litros, virtuosas de otros caldos, hoy omnipresentes en las cavas del mundo.
Weinert apostó a algo único, haciéndose referente de la herencia cultural de la vitivinicultura argentina y manteniendo vivo un oficio en extinción, el del tonelero:
guardián del cobijo del vino.

El tamaño importa.
Muy diferente es la crianza de los vinos que se estiban veloces en las pequeñas barricas bordalesas (más resinosas y demasiado aromáticas), que lo que les sucede a sus pares, aquellos caldos sanos y tranquilos, bien elaborados, que duermen su sueño longevo en grandes toneles curados.
Otra es su versión de la paciencia: no se sobreoxigenan y los taninos aportan lo suyo, sin apuro.
El vino gana en redondez, complejidad y estructura, reflejados en su largo potencial de guarda.
Weinert no está solo. Nunca lo estuvo.
Don Raúl de la Mota –el mago del vino patrio- se sumó a comienzos del ’76 a la bodega, y al año crearon el Weinert Malbec Estrella 1977, que descansó 19 años en toneles, una etiqueta emblemática de la viticultura local, todavía disponible, tesoro vivo.
Su precio excede las tres cifras.
El Ingeniero Agrónomo Alcalde era otro representante de este equipo de primera.
En tanto el enólogo Hubert Weber acompaña desde hace casi dos décadas la filosofía de Cavas de Weinert.
Él mismo es un enamorado de los toneles: aprendió sus secretos trabajando en la bodega Domaine Bovy en su Suiza natal.
José Abelardo Barrera es el tercer protagonista de esta historia de roble.
Todos lo conocen por Cacho.
Él fue quien acompañó durante gran parte de su vida a de la Mota, y Don Raúl le transmitió casi todos los enigmas de la guarda.
Los tres, Weinert, Weber y Barrera, han devenido con el tiempo en expertos catadores de madera.
Weber mastica y macera las escamas de roble y junto a Weinert conciben su propio blend de duelas para construir un tonel.
Actualmente encargaron 6 nuevos a la familia Baijda, toneleros eslovenos radicados en Mendoza.
Barrera se encarga del mantenimiento, una tarea exhaustiva y artesanal, que debe garantizar el mejor resultado: un recipiente en perfecto estado para criar un gran vino.
Continentes de un estilo propio, todos los vinos de la línea Weinert pasan un período de tiempo de su vida entre toneles.
Clásicos, tradicionales, sobresalientes, su condición se mantiene vigente en el tiempo, diferenciándose de sus pares, víctimas de modas y tendencias pasajeras, que parecen no encontrar lugar porque cambian constantemente.
Mientras que el Carrascal (a $ 16, 250 mil botellas al año) pasa dos años en tonel, los varietales ($ 38) y la línea Cavas ($ 60) pueden estar 3, 4 o hasta 5 años en el oscuro y silencioso cilindro de roble.
El último lanzamiento de Weinert Estrella es el primer Merlot de la línea icono, cosecha ’99.
De esta etiqueta siguen disponibles en comercios exclusivos el Cabernet Sauvignon ’94 y el ’79, entre otras joyas estelares.
Por suerte, los tres hijos de Bernardo Weinert son herederos orgullosos de la tradición, base fundamental de la identidad del vino argentino.

En el mundo de las barricas, el tonelero es rey